“Cultiva el algodón en el campo,
míralo crecer con paciencia, y cuando esté listo podrás ocuparlo
para tapar uno de tus oídos. Luego escucha y guarda silencio, te
permitirá aprender”.
(Abuelo Lorenzo Seuny Izquierdo, Nación
Arhuaca, Sierra Nevada de Santa Marta)
Creo que cultivar implica una esperanza, una intención. Al depositar la semilla en la tierra deseamos que ésta germine y se den las condiciones adecuadas para su crecimiento.
Y luego soltamos y dejamos que simplemente se manifieste lo que tenga que ocurrir.
La tierra, el agua, el aire, el sol y la naturaleza en su totalidad irán haciendo lo que saben hacer por naturaleza. Sin esfuerzo, sin expectativas, todo va funcionando perfecto. La planta crece, y ahí estamos como seres humanos frente a ella, atestiguando su transformación diaria.
Si miramos profundamente, podemos percibir los "tiempos naturales" que son distintos a los "tiempos de la mente". Estos últimos, son los tiempos artificiales que hemos creado y que están "adheridos" a nuestra forma de pensar, estando fuera de los ritmos propios de la naturaleza y que nos han llevado a vivir casi constantemente en un estado de impaciencia, tensos y contraídos, esperando a que se de el resultado que deseamos.
Observando en quietud el crecimiento de la planta vamos aprendiendo la paciencia, vamos aprendiendo a soltar y a entregarnos, vamos aprendiendo a reconocer que hay un flujo por el que va la vida y en el que también vamos nosotros.
Luego, en el tiempo adecuado, cosecha el algodón que ha dado la planta y úsalo "para tapar uno de tus oídos...escucha y guarda silencio, te permitirá aprender", dice el abuelo. Es decir, permanece receptivo, abierto y atento a lo que está sucediendo en el momento presente, deja pasar tu diálogo interno y "ayuna de pensamientos" como dice otro abuelo por ahí.
¿Qué es lo que te permitirá aprender el cultivo de esta actitud?
Como seres humanos tenemos constantemente la posibilidad de ir hacia adentro de nosotros mismos y ver qué encontramos ahí. Taparnos los oídos, cerrar los ojos, son gestos que nos hacen replegarnos y dejar que "la cabeza", que funciona de manera tan constante y ruidosa se vaya aquietando.
Al serenarnos y detenernos por un instante, fijando quizás la atención en la respiración, empezaremos a ver las cosas de una manera diferente.
"No sé si se dan cuenta, pero cada vez que nos tranquilizamos la realidad se transforma", dice Alejandro Celis, Psicólogo Transpersonal, y agrega: "cuando estamos ansiosos, todo es amenazante, todo es terrible. Nos tranquilizamos en esa misma situación y la realidad repentinamente se transforma, la realidad es otra. No ha cambiado la realidad, lo que ha cambiado somos nosotros."
Tenemos entonces, si es que realmente lo deseamos, la oportunidad en cada momento, ahora, ahora, sí, ahora en este instante en el que lees estas letras, de vivir con una profundidad mayor, estando simplemente más presentes y receptivos a nuestras claves internas, principalmente con la atención en el cuerpo y la respiración.
Si decidimos abrir un espacio de escucha interna de manera cada vez más cotidiana podremos ir dejando de funcionar en el clásico "piloto automático" en el que estamos viviendo habitualmente y de seguro nuestra existencia cambiará para mejor, y de paso afectará positivamente a todo nuestro entorno. Tenemos entonces, la posibilidad de transformarnos y recrear constantemente una vida más profunda y plena al contactarnos con el silencio que está "más allá de la mente", para lo cual no es necesario ser un meditador experto ni mucho menos. Ese silencio está más cerca de lo que pensamos, está aquí y ahora, al lado del ruido mental.